OXIDADA SANGRE EN LA PLAYA de José Manuel Sanrodri
El buen tiempo se está haciendo desear. A pesar de ello mientras que no esté lloviendo y salga un poco el sol, se puede observar en un domingo o festivo en cada uno de los paisajes de playa que existen a pocos kilómetros de nuestra ciudad, el bullicio incesante de gentes que aprovechan cada porción de la granulada arena de esas inmensas alfombras amarillas que acaricia la mano del mar. Lamentablemente mis ojos quedaron perplejos cuando vieron en una de esas playas mediterráneas, un cuerpo de hierro semienterrado, una lata desteñida por el tiempo y pintarrajeada del descolorido rojo y letras blancas, y en su escaso borde plateado se extendían las cicatrices de manchas de óxido que hurga de vez en cuando la casi inexistente lluvia para dejar un poso de corrosiva sangre insatisfecha. Frente a la playa se alzan enfermos unos pinos, donde se alojan residuos de todo tipo y dos o tres variedades de insectos ocupas que conviven sin molestarse a malas penas, parásitos del lugar. Esos bichos son: la Carcoma que se introduce en el intestino del pino vaciando su esqueleto y cuando ya no hay huesos que roer desaloja ese pino para ir a uno que este más sano; después está la Procesionaria que se aloja entre sus puntiagudas hojas dañándolas; y por último se encuentra la peor especie de todas, el ser humano o también conocido como: "el dominguero chapucero". Este último depredador, deja sus desperdicios en esos días de picnic improvisado, donde las colillas o el escurrido aceite de la lata de atún es depositado en el suelo brozado, esto nos da una seria muestra de como es esta especie que parece que todo le da igual y como organismo vago, incapaz de que su mente busque un contenedor o casi una inusual e improbable papelera porque el descuido de que apenas hayan dichos recipientes a su alrededor no le eximen de su culpa y es mas que probable que nos encontremos algún ser humano que recoja su propia basura, pero siguen estando los iris sedentarios que ven que todo está sucio y no piensa hacer nada pues este ser, es de los que opinan que no van a recoger la basura de nadie (pobre insensato). Pero los responsables del paisaje, otro espécimen destructor que deja que el contencioso muro de vida, valla muriendo poco a poco, para ubicar otro muro agresivo de color rojizo que se instalará en su lugar. Muy pronto la pinada será un mero recuerdo del pasado, una foto en blanco y negro de lo que hubo allí, un trocito de pulmón hecho añicos, pero que más da, pues cada año seguirá desapareciendo ese bosque de tinte mediterráneo al igual que se desvanecerán mis letras que un día son leídas por alguien y al otro día son olvidadas. Si alguien no se ha percatado de que hablo de la pinada de "La Marina", es que no sabe del desgaste medio ambiental que ya hemos provocado.
