LA NOCHE DEL POETA DAMNIFICADO de Pere Vicente Agulló
Era la noche del último domingo de septiembre. El Poeta Damnificado (en adelante: P D ) se sentó ante su viejo P C ansioso de hallar la inspiración extraviada. Necesitaba sentirse mal para escribir bien. Sentía un sabor amargo de derrota. el equipo de fútbol de sus amores y desamores había fracasado en el m. 89. Sin ese minuto, sólo uno de los miles que hay en la semana, sería un 2 - 1, la victoria y el universo emocional tendría otro sentido. El P D lanzó el anzuelo de pescar al fondo del mar de la poesía con la esperanza de que alguna metáfora picara, era cuestión de paciencia. Tenía que hacer esa noche su obra maestra. Ser competitivo, regatear entre sus neuronas y ofrecer a su editor poemas superiores a sus o colegas. Era la competición. Ganar o ganar.
Vio la botella de whisky, la competición poética seguía todavía exenta de control antidoping. Pero desechó la idea ya que el beber le restaría el sufrimiento íntegro de esa derrota deportiva. La pereza se le intentaba enredar cual telaraña invisible, abrió la nevera con apetito pero pasó de cenar al convencerse de el hambre que agudiza el ingenio le inspiraría.
Triunfar lo era todo. Buenas metáforas al final de poemas sosos los salvaban; lo mismo que a su equipo, de no volar esos dos puntos ahora se le perdonarían todos los errores y nadie pediría la cabeza de nadie; no había espacio para aparcar al perdedor.
Y hacia la media noche se produjo el esperado milagro: las manos del PD empezaron a teclear, conectó “el piloto automático”, era un torrente lírico fluyendo, la magia de sus dedos a la pantalla El tiempo se detuvo en la galaxia. Parió por fin su obra maestra. Triunfar lo salvaría de descender de categoría, de hundirse en la mediocridad. Los más reacios a valorarle le palmearían en la espalda felicitándole e incluso algunos de los “vacas sagradas” de la literatura local.
Respiró aliviado. Se dispuso a leer su obra. Pero antes le dio a la tecla de “guardar” el documento, y: “zas”: observó horrorizado y con un sudor frío que desaparecía. Se borró. Nada recodaba. Se diluyó su tesoro como quien rompe una quiniela super premiada.
El P D perdió en segundos su triunfo, conseguido con tanto esfuerzo (como su doliente equipo perdió los puntos y el honor); era ya tarde para cortarse las venas. Si al menos hubiera tenido asegurada su cosecha literaria como los hortelanos prevenidos… Nadie (ningún asegurador) le creería. Desechó el impulso de romper a martillazos el aparato traidor (o fue el fallo de sus dedos? No estaba seguro) por no despertar a los vecinos. A dónde irían sus poemas muertos prematuros? Se posarían en la mente de suscompetidores? Huirían en el mar de la noche cual peces fugados del anzuelo? Fue lo que pensaba antes de exiliarse derrotado en la cama.
Publicado en el NOTICIAS de ELCHE (03-10-08)
